--------------------------------

--------------------------------

domingo, 18 de junio de 2017

Matar y guardar la ropa.

Matar y guardar la ropa - Carlos Salem.

Quiero empezar pidiendo disculpas por estar tanto tiempo lejos de esta página. No he dejado de leer (eso jamás pasaría), pero el trabajo me ha mantenido ocupado. Ahora, por fin, tengo la oportunidad de poner mi lista de lecturas al día. Empecemos desde el principio.
Carlos Salem
Carlos Salem es un escritor argentino (reside en España desde hace casi 30 años). Es periodista de profesión, pero en su faceta literaria ha explorado la novela, el cuento, la poesía y el teatro, algo que en mi opinión ya es una muestra de su valía como autor y de su diversidad imaginativa. Tampoco se ha centrado en un solo género. Aunque tiene varias obras negras, también ha jugado con el erotismo, el romanticismo, sin abandonar en ninguna la ironía y la comedia, elementos propios de su pluma y que se manifiestan de formas muy varias en sus obras. 
Hoy analizo una de éstas. Su segunda novela llamada "Matar y guardar la ropa". Escuché por primera vez de ella al escuchar el programa "El Dulce Veneno de la Novela Negra" y no me arrepiento de seguir la sugerencia de su creador. "Matar y guardar la ropa" fue ganadora del premio NOVELPOL 2008 a la mejor novela negra publicada en español y receptora de múltiples halagos por otros autores y críticos literarios. Comparto la opinión y la recomiendo.

Idea general:
En un camping nudista de Murcia alguien debe morir. ¿Pero quién? Esto es lo que tiene que averiguar Número Tres, uno de los mejores asesinos a sueldo a quienes la Empresa asigna sus pedidos. Todo sería más sencillo si Número Tres no se escondiese bajo la anodina identidad de Juanito Pérez Pérez, un apocado comercial al borde de los cuarenta; si en el camping no coincidiesen sus hijos, su ex mujer, el juez estrella de la lucha contra el crimen, un amigo de la infancia, otro asesino particularmente despiadado, un inspector que lleva años sospechando de él y una empleada del camping llamada Yolanda que no lo deja concentrarse como debería, lo cual es un gran problema considerando que empieza a sospechar que la Empresa tiene otros planes que él desconoce y que su trabajo tal vez incluya morir en la línea del deber.

Opinión:
Una novela negra diferente. De eso no hay duda. Gira alrededor de una premisa conocida: el asesino a sueldo. Vemos un atisbo de su desastrosa vida personal, en parte propiciado por su necesidad de mantener su aburrida cubierta. Divorciado, con dos hijos y planeando irse de vacaciones, cuando su Empresa le da un trabajo. Parece bien en principio. Ir a un campo vacacional y esperar instrucciones sobre cuál será su blanco. Le pagan todo y puede ir con su familia. 
Acepta solo para descubrir que el terreno es un campo nudista, lo cual dificulta cualquier intento de llevar armas ocultas; su ex esposa y su amante están allí, lo que no sería tan malo si no fuera porque él es un juez empecinado en acabar con el crimen y ella podría ser su blanco. Ella o un viejo amigo de la infancia que lastimó de todas las formas posible y que el destino quiso que terminara en el mismo campo el mismo fin de semana.
O tal vez no fue el destino.
Una vez empiecen el libro, no podrán parar. La trama se desarrolla a un ritmo rápido e interesante. Los recuerdos de Número Tres nos muestran su pasado y trabajos en la Empresa. Los maestros que tuvo que matar para ocupar la posición que tiene, los amigos que tuvo que abandonar, la familia que no sabe manejar. Sus palabras al final del primer capítulo lo resumen mejor que nada:

Ser un asesino a sueldo es fácil.
Lo difícil es ser padre. 

¿Es una novela negra? Dar una respuesta es más difícil de lo que podrían imaginar. Gira alrededor de la violencia y la resolución de un crimen (o la pronta ejecución de uno), por lo que según mis parámetros descritos en otra publicación (El genoma de la literatura negra), lo es. Que tiene un fenotipo único, cargado de ironía y humor, no hay duda. 
Los personajes están muy bien logrados. Empezando con el inocente Juanito (alias Número Trece). Sufrimos las burlas que le hacía su ex esposa, las ilusiones que tienen en él sus hijos y las aspiraciones de un padre que trabaja asesinando gente. La ex esposa no es la bruja que nos podemos imaginar, ni el juez el desgraciado que parece a primera vista. Sus personalidades son más profundas, llenas de aristas que son exploradas a lo largo del libro.
El final creo que era un poco predecible. Muy bien trabajado, se llega a él sin esfuerzos, pero lo vi venir desde muchas páginas antes del final. Eso siempre tiene un sabor agridulce en mi mente. Me encanta romper el enigma, pero pierde una parte de su encanto. Esa magia de la sorpresa. Esa voz que no esperamos escuchar a solo unos centímetros de nuestro oido. Soy un adicto a esa sensación provocada por la adrenalina de saberse vencido por un buen misterio.
No siempre se puede ganar. O perder, depende de como se vea.

Conclusión:
Lectura rápida, personajes entretenidos y únicos, una trama bien armada. Encontrarán drama y comedia entre sus páginas. Tensión extrema que se libera con una carcajada inesperada.  La recomiendo. 

sábado, 10 de septiembre de 2016

In the heat

In the heat - Ian Vásquez

No. No me ha dado por empezar a escribir reseñas en inglés. Es solo que si pretendo analizar la realidad de la literatura negra centroamericana tengo que incluir a todos los países de la región. Hasta ahora he dejado solo dos por fuera: Panamá (haré una reseña en particular de nuestra contribución en una futura entrada) y Belice. 
¿Por qué no incluí a Belice antes? La razón debió ser obvia, pero en su momento no la vi. Cuando empecé a buscar a escritores del género del área de centroamerica usé la ayuda del internet (como he dicho en otras ocasiones, los libros de nuestras regiones no nos llegan, a pesar de ser vecinos). Según mis búsquedas, Belice parecía no tener escritores de literatura negra. Eso era casi imposible en mi opinión y seguí escarbando. 
Nada. Era desquiciante. Y, de repente, se encendió un foco en lo más profundo de mi cerebro y casi me doy un golpe en la frente por mi falta de visión. 
El idioma oficial de Belice es el inglés. Sus escritores escriben en ese idioma y una búsqueda en español los dejaba fuera de mi alcance. Gracias a eso encontré a este escritor y su primera obra.
Ian Vásquez
Ian Vásquez nació y creció en Belice. Una ciudad con su propio ritmo y que forma parte de las vivencias del autor. Tiene una maestría en Bellas Artes de la Universidad de Florida, título que consiguió mientras trabajaba en una sala psiquiátrica y ejercicia funciones de consejero estudiantil. Actualmente vive en Florida, donde es editor del St. Petersburg Times. 
Su primer libro (In the heat) fue reconocido por la PWA (Private Eye Writers of America), una organización de escritores creada para reconocer las contribuciones del detective privado al género negro, con el prestigioso premio Shamus (2009).
A la fecha tiene tres libros escritos y es considerado una de las promesas emergentes de la literatura negra beliceña (curiosamente cuando uno lee las reseñas en inglés lo catalogan como escritor del nuevo Noir Caribeño. Creo que los encargados de estas notas cometieron mi error y se olvidaron de buscar en el idioma de la región. Español en este caso). A continuación, mi opinión de In the heat


Idea general:
El boxeador Miles Young piensa que tiene una última oportunidad antes de tener que colgar los guantes para siempre. Aunque muchos piensan que su tiempo pasó, el disfruta demasiado el reconocimiento que su profesión le ofrece. Además, tiene una hija pequeña en quien pensar. 
¿Cómo la mantendrá si se retira? Es por eso que, cuando su promotor se acerca con una proposición que incluye un último gran combate, decide escuchar.
Isabelle Gillmore quiere que Miles encuentre a su hija Rian, que huyó de casa con dinero de su mamá y un noviecito bueno para nada. Isabelle teme que Rian se quiera casar con el chico, el único hijo de un policia corrupto, el ex-jefe de policía Marlon Tablada, y quiere que su hija (y el dinero) aparezcan. En recompensa, una paga de 30 mil dólares y una última gran pelea. A pesar de las dudas de Miles, Isabelle le dice que un héroe local puede conseguir que las personas hablen con más facilidad que la policía. Lo malo es que, después de aceptar, descubre que hay mucho más en juego que la desaparición de una niña y que el dinero y Tablada son solo una pequeña parte de sus problemas. 

Opinión:
Es una regla conocida (más bien una sugerencia) que al empezar a escribir lo hagamos sobre seguro. Sobre temas que conocemos. Es un buen consejo. Un primer libro es un salto de fe. No tenemos idea de qué va a pasar y queremos que salga perfecto (lo que rara vez ocurre). Con esa presión encima, es lógico querer usar un tema que manejemos bien. Ian Vásquez es fanático de las peleas de boxeo, así que siguió la regla y su detective es un boxeador.
No es una elección nueva. Recordemos a La Dalia Negra y a sus dos personajes principales (Bleichert y Blanchard). Ambos son boxeadores y fue la forma como se conocieron. Miles Young, sin embargo, es diferente por una razón fundamental. No es policía. No es detective. Es un boxeador profesional. Un héroe local que pierde su última pelea y siente que ya es hora de retirarse, pero que tiene una hija pequeña que mantener (la esposa huyó sin dar explicaciones). No tiene una carrera sobre la cual apoyarse. Su vida fue el boxeo y lo está dejando.
Es imposible no sentirse identificado con este luchador que solo quiere lo mejor para su hija. Que tiene muchos problemas financieros y pocas oportunidades de salir de ellos. Cavilando en el medio de esta crisis existencial, su manejador le llega con una oferta caída del cielo. Una última pelea, una buena paga y un bono extra por prestar un sencillo servicio a una adinerada familia de Belice. Encontrar a su hija desaparecida.
Aquí las cosas deberían sonar fuera de lo habitual y Miles salir huyendo. La excusa de la matriarca de la casa, Isabelle Gillmore, es que quiere averiguarlo sin causar mucho revuelo y una celebridad local podría conseguirlo más facilmente que la policía. Un razonamiento poco sostenible, pero que Miles acepta porque tiene que hacerlo. Necesita el dinero.
Aquí empieza el misterio. Los personajes secundarios, Isabelle Gillmore y su esposo, la hija (Rian), el novio y su padre están muy bien trabajados y colocados como las piezas de un tablero de ajedrez en una Belice que es mitad paraiso y mitad ciudad centroamericana. La combinación perfecta y un símbolo característico de nuestra literatura negra. 
Tenemos un policía corrupto, negocios turbios en las altas esferas de la ciudad, personajes siniestros ligados al narcotráfico y a la politica local. Una volátil mezcla esperando un gatillo, el cual llega en la forma de un boxeador. 
Como era de esperar, la desaparición de la joven Rian esconde un secreto mayor y los primeros intentos chapuceros de Miles van dando frutos hasta que su empleadora decide que ya no quiere que siga investigando. Una decisión que solo altera a Miles y lo lleva a manejar el problema como una de sus peleas. De frente y sin importar las consecuencias.
El policia y los políticos corruptos no son figuras nuevas en el género. Los sentí algo estereotipados en un principio, pero van tomando forma y vigor con el pasar de las páginas. No es el caso con Miles, que se siente fresco y diferente desde el principio. Su relación con su hija, su novia y su entrenador son detalles que le dan vida al personaje más allá de todos los problemas en los que se está metiendo.

Conclusión:
Una buena novela, digno miembro de nuestra literatura centroamericana. A la usanza del hard-boiled, pero ambientada en nuestras realidades. Una prosa rápida y para nada aburrida. Un escenario acorde que lo hará sentir que camina en las calles de Belice de la mano del autor. Recomendado.
Datos curiosos:
En Belice la televisión llegó a principios de los ochenta, así que Ian Vásquez creció leyendo en lugar de viendo programas o series en una caja. Él dice que no, pero yo creo que eso tuvo mucho que ver con su destino como escritor.
Ian Vásquez emigró a los EUA por razones de trabajo, pero fue una decisión que marcó su vida ya que le permitió ser publicado y reconocido. Cuando sugirió a un maestro que quería regresar, él le dijo que se quedara. Que todavía tenía que aprender. Ian se sintió ofendido, pero al final tuvo que aceptar que fue la decisión correcta.
Nadie es profeta en su tierra y como dije antes, ese primer libro muchas veces es un salto de fe. Ian Vásquez lo hizo y aterrizó con los dos pies en el suelo.
Si quieres escribir, ¿cuál es tu excusa?



domingo, 4 de septiembre de 2016

Pequeñas muertes negras

Pequeñas muertes negras (Bartolomé Leal).

Bartolomé Leal
José Enríque Leal Rodríguez nació en Santiago de Chile y a la usanza de muchos escritores del género, es tan polifacético como sus obras. Su profesión como Ingeniero Civil Industrial lo ha llevado a prestar servicios para las Naciones Unidas en función de experto en asuntos ambientales (tema sobre el cual ha publicado libros especializados). Ha visitado América Latina, el Caribe (Haití), Asia y Europa y ha vivido en varios paralelos y meridianos diferentes. Su pies han recorrido las aceras de Francia y España. Ha dormido en Kenia, Bolivia, Kosovo y México. Como para demostrar que el mundo es un pañuelo, por un tiempo vivió en mi bella Panamá, tema que nos permitió compartir entretenidas conversaciones cuando lo conocí en el festival Córdoba Mata 2015. Con un andar tan prolífico, no es de extrañar que escribiera múltiples novelas y cuentos. Su primera obra la escribió en colaboración con otro autor chileno (Eugenio Díaz Leighton) bajo el seudónimo conjunto de Manuel Yberra (muy a lo Borges-Casares, lo que explicaría porque Yberra dice ser devoto del primero). Un año después (1994) publicó su primer libro con el seudónimo de Bartolomé Leal. Esta obra titulada "Linchamiento de negro" fue el debut de su personaje insignia: Tim Tutts, un detective privado en Nairobi, Kenia, el cual ha protagonizado varios de sus libros y cuentos cortos. 
Es en esta línea que se enfila mi reseña del día de hoy. Una colección de cuentos titulada "Pequeñas muertes negras". En sus páginas encontré a Tim Tutts y a Manuel Yberra como protagonistas (este último en un cuento que gira alrededor de un tema poco tocado en la literatura negra: piojos). 
No miento. Ya verán.

Idea general:
La "pequeña muerte" llaman los franceses al orgasmo, una metáfora biológicamente exacta, que refleja la sensación intensa de desfallecimiento que todo adolescente percibe cuando conoce por primera vez el colosal placer.
Al sueño también se le suele llamar la "pequeña muerte", aquel anticipo del fin de la vida que la naturaleza nos da y que dejamos pasar sin prever su terrible significado. La "pequeña muerte negra" es también la de cada personaje menor que puebla este mundo, sobre todo si es negro, indio o pobre: a nadie le importan, es la víctima anónima de un mundo construido sobre la injusticia y la explotación. Como dijo Vallejo: "le pegaban si que él les haga nada; le daban duro con un palo duro".
Ellas y ellos son los protagonistas de estos relatos que semejan y bordean un estilo escritural muy cercano a la etnografía más tradicional. Aquella donde los hechos se tratan recubiertos de un contexto social que configura el escenario cultural que todo etnógrafo buscaba y busca en ese esquivo "otro" que nos observa desde su propia realidad.
En esta reunión de cuentos, Bartolomé Leal sabe encantarnos con inquietos personajes, donde la "pequeña muerte" se transforma en una espectacular trama criminal mientras el escenario de vida cotidiana nos deja el sabor de haber leído mucho más que una historia.

Cuentos en la colección:
  • Muerte de un escritor.
  • Un askari en mi patio.
  • Cangrejitos.
  • El té se sirve en la veranda, bwana.
  • El mono blanco.
  • ¿Tomó once la abuela?
  • Cinco a la hora de once.
  • Cuentos en 200 palabras.
  • Reine Bec.
  • Maleza.
Opinión:

Tal vez el esquema instintivo que guía mi práctica del género policial (y aclaro que uso el término cual comodín, sin hacer distinción entre narrativa de enigma y género negro, corrientes que de hecho mezclo en mis escritos), está conformado por mi experiencia vital, donde los viajes y la residencia en países diversos han jugado un rol central... El impulso por poner en palabras tales vivencias se traduce en dos niveles escriturales: un diario de vida más o menos rigurosamente mantenido, y la redacción de novelas y cuentos.
Bartolomé Leal. Ponencia efectuada en el
Encuentro de Narrativa Policial
Latinoamericana, Valparaíso,
Chile, Abril 2002.

Bartolomé Leal (Kenia, 1978)
Bartolomé Leal pasó 4 años en África del Este. Un escenario que pocos conocen y que es un tesoro en ideas y personajes. Como buen escritor, su mente alimentada por esta amalgana de colores y paisajes, creó a Tim Tutts. Un detective privado con oficinas en River Road, una de las principales calles de la capital de Kenia (Nairobi). Es el personaje de todo un ciclo de novelas y "Pequeñas muertes negras" tiene dos cuentos con este detective. Esas primeras páginas me hicieron tener ganas de leer las otras obras de la saga.

Mi enfoque del género tiene antecedentes, y aquí entramos al tema de esta ponencia. Hay una corriente de la narrativa policial, un subgénero si se quiere, que los críticos franceses han dado en llamar la novela policial étnica o etnológica. Se trata de un tipo de narración donde los típicos de las etnias, las razas, las culturas primitivas, la brujería, los conflictos colonialistas y tópicos similares, aparecen en el corazón mismo de la obra. Argumentos, tramas, personajes y locaciones responden a un deseo de testimoniar sobre los conflictos mayores, explícitos o escondidos, que existen en muchas sociedades marcadas por la diversidad racial, cultural y religiosa.
Bartolomé Leal. Ponencia efectuada en el
Encuentro de Narrativa Policial
Latinoamericana, Valparaíso,
Chile, Abril 2002.

Bartolomé Leal y Tim Tutts forman parte de algo conocido como Novela Policial Etnológica (como describe el autor en sus propias palabras). Sus obras hablan por sí solas y merece ocupar su sitial a la par de los principales expositores de este sub-género: Arthur Upfield (Australia), Tony Hillerman (EUA - navajos), Harry Kemelman (Israel) y H.R.F.Keating (Inglaterra - India).
En "Muerte de un escritor" Tutts debe resolver el asesinato de Wairoto wa Gaichiru, un problemático escritor que se dedicaba a mostrar en sus libros los peores horrores de la sociedad keniana. Su muerte, resultado de una violenta golpiza, es solo el principio de la trama que enfrenta al lector a los mejores elementos de la novela negra hard boiled: corrupción policial, intereses religiosos/tribales, mujeres con oscuros secretos (la secretaria de Tutts, Curly, se lo recordó con las inmortales palabras del oficial Lee Blanchard, de la Dalia Negra de James Ellroy: Cherchez la femme). El final, acorde con la realidad que describe el autor. A veces ganar solo significa llegar a sospechar la verdad. Más de eso, es jugar con la muerte.
En "Un askari en mi patio", una amiga argentina de Tutts lo llama para pedirle ayuda con el cadáver que cayó en su patio. Un askari (algo así como un guardia de seguridad privado) con el rostro desfigurado a punta de golpes. Iguales elementos que los descritos previamente donde Tutts, con la ayuda de Elenita Biorges de Maréchal (la amiga argentina), Rita Ndegwa (periodista independiente) y todo su equipo resolveran este crimen, sin importar las consecuencias.
Lo malo de los cuentos es que no permiten conocer a profundidad a los personajes, limitados por el número de páginas. Sin embargo, nos dan un pantallazo lleno de suficientes detalles como  para hacernos una idea del curioso detective y dejarnos con ganas de saber más de él. Estos cuentos son mis favoritos de la colección. Después tenemos un cuento con parásitos (al final les digo de qué se trata), dos cuentos ligados (El té se sirve en la veranda, bwana y El mono blanco), donde no hay un misterio por resolver, pero vemos las consecuencias de la violencia sin sentido. En "Cinco a la hora de once", el autor describe, a manera de crónica roja, crímenes cometidos en Chile a esa hora en particular. En fin, una amplia reunión de temáticas ligadas a la literatura negra que estoy seguro disfrutarán.

Conclusión:
Libro recomendado. Una curiosa colección de cuentos narrados por uno de los pocos escritores etnológicos del mundo (no digamos de latinoamérica). No pierdan su oportunidad de leerlos de ser posible.
Dato curioso:
Uno de los cuentos se llama "Cangrejitos". En esta historia el autor tiene una conversación ficticia con Manuel Yberra (la mitad de su alter ego) sobre ladillas o piojos del área genital. ¿No parece tema para un cuento negro? Bueno, hay la víctima de un crimen (el  autor), un vehículo o arma no homicida (ladillas) y un misterio (averiguar quién se las pegó).  
Una prueba que no hay tema, por improbable que parezca, que un buen escritor no pueda convertir en la trama para un delito. 



sábado, 23 de julio de 2016

Del baúl de los recuerdos... Cosecha Roja

Cosecha roja - Dashiell Hammett.
Hay dos formas de ver los orígenes del género negro. Unos se remontan a 1841, cuando Edgar Allan Poe publicó "Los asesinatos de la Rue Morgue". Aunque la aparición de Auguste Dupin marcó el principio del detective literario (seguido poco después por figuras renombradas de la novela de enigma, como fueron Agatha Christie, Sir Arthur Conan Doyle o G.K.Chesterton), muchos prefieron encasillar a los anteriores en una categoría diferente a lo que se conoce como novela negra hoy en día.
Si es de los que piensa de esta forma, su patriarca sería Carroll John Daly con su detective Race Williams o uno de sus seguidores (Dashiell Hammett / Raymond Chandler) o los tres, como un triunvirato literario, negro como la revista que publicaba sus relatos (Black Mask). 
Podemos hablar por horas de los tres, pero en esta ocasión me quiero centrar en Dashiell Hammett y en su primera novela: Cosecha Roja.
Dashiell Hammett
Para empezar, algo del autor. Samuel Dashiell Hammet nació en 1894 en la granja de tabaco Hopewell and Aim (si saben como murió, es algo irónico). A los 14 años es obligado a buscar trabajo por su padre, que se declara en bancarrota. Para los 16 años, ya era un borracho empedernido. Su abuela materna es la que lo ayuda a salir adelante y, sin saberlo, plantó la semilla que nos dio el que es considerado uno de los mejores escritores del siglo XX. Le consiguió un trabajo en la Agencia de Detectives Pinkerton. Se especializó en el trabajo de vigilancia de casos de adulterio o estafas. Se convirtió en uno de sus propios detectives, oculto en las sombras, persiguiendo a su blanco.
No es de extrañar que, cuando dejó de trabajar como detective, y decidió empezar a escribir, su primogénito de papel fuera Cosecha Roja.

Idea General:
El director de varios periódicos en Personville, una ciudad minera del estado de Montana, e hijo del magnate fundador de la localidad, contacta con un detective privado; sin embargo, cuando éste llega a la ciudad, el periodista es asesinado. Durante la investigación del crimen averigua que cuatro matones, con la complicidad del magnate, dominan el lugar. El millonario, que teme por su vida, contrata al detective que iba a ayudar a su hijo para “limpiar” Personville, también conocida como Poisonville, Ciudad-Veneno. Éste deberá tener mucha astucia y la suficiente sangre fría para saber atacar en el momento adecuado y realizar los arrestos necesarios para evitar que no le alcancen las balas que llevan escrito su nombre.

Opinión:
Las novelas de enigma y las hard boiled se diferencian en muchas cosas. Una de las primordiales es que el detective de las segundas no resuelven los casos mediante el uso de sus extraordinarias habilidades deductivas o de las "pequeñas células grises". No. Son personas comunes (ni siquiera tienen que estar en condiciones físicas), que caminan las calles, que se meten en los antros más bajos de la sociedad y se codean a la par de sus elementos más turbios, porque son uno de ellos. Es esa relación la que les permite resolver los casos que les interesan. No me puedo imaginar a Hercule Poirot interrogando a un albañil en el Bar Ramos de la misma forma que es casi irreal imaginarse a Sam Spade comiendo un brioche con el Duque de Southshire, mientras trata de deducir como el asesino logró entrar en la biblioteca sin llamar la atención del mayordomo. 
Sin embargo, ambas comparten un núcleo común y si no son demasiado puristas, saben que tengo la razón. Un Maserati no se puede comparar con un sedán, pero no por eso ambos dejan de ser autos. Usted puede disfrutar manejar un sedán tanto como sentarse detrás del timón de un Maserati. Es cuestión de gustos
Cosecha Roja tiene un empiezo ominoso.

En el Big Ship de Butte oí por primera vez a un minero pelirrojo de nombre
Hickey Dewey que llamaba Poisonville a la ciudad de Personville. Tenia la
costumbre de convertir las erres en diptongos, así que me importó poco su
manera de nombrar la ciudad. Luego volví a oír el mismo nombre de boca de
hombres capaces de pronunciar bien la erres. Lo tomé como una muestra más
del humor vulgar que anima los retruécanos propios de la jerga de los bajos
fondos. Unos años después fui a Personville y comprendí el exacto significado
de esta palabra.
 
Las primeras palabras que nos dirige el personaje principal. Un hombre descrito por la femme fatale de la novela como "gordo, testarudo y en sus cuarenta". Nunca sabemos su nombre y todo lo que se nos permite conocer es que trabaja para una misteriosa agencia conocida como La Continental. A partir de este punto, se convierte en un ícono del género. El Agente de La Continental. 
Aquí tengo que hacer comparaciones con el detective de la novela de enigma. El Agente de La Continental es más real, es cierto, pero no deja de ser esa figura astuta, con una rapidez mental envidiable y un excelente poder de observación. Una vez el caso se plantea, el Agente viaja a Personville para tratar de descubrir quién es el responsable del asesinato de Donald Willsson, director de dos periódicos locales. Ese primer asesinato lo resuelve en poco tiempo y casi sin esforzarse, solo usando sus habilidades deductivas naturales (Miss Marple lo invitaría a una taze de té). Las cosas cambian después de este punto y salimos del terreno conocido. El padre de la víctima le pide hacer justicia. Cuatro matones controlan su ciudad y quiere contratarlo para un segundo trabajo. Para que limpie su ciudad, sin importar las consecuencias. El Agente le advierte que después no se puede echar para atrás. El padre acepta y empieza la manipulación.
Porque, en el fondo, Cosecha Roja se vuelve en una trepidante narración de como el Agente procede a manipular a los cuatro criminales para que se destruyan entre sí. En el camino descubre que muchas de las cosas que pensaba saber no eran más que percepciones sesgadas de la realidad y tiene que lidiar con las consecuencias de sus acciones, la mayoría de las veces viendo como hacía para que sirvieran sus propósitos. 
Cosecha Roja tiene muchos de los estereotipos del género. Hay una femme fatale, en la figura de Dinah Brand. Su motivación principal es el dinero y son sus conocimientos, adquiridos gracias a su larga lista de amantes, los que dan las herramientas necesarias al agente para hacer su trabajo. Hay matones y mafiosos, recogidos en cuatro personajes y muy propios de la época y el lugar. Uno de ellos controla el licor, otro el juego y otro es miembro de la policía. Incluso el hombre que lo contrata tiene su propio pasado brumoso. No hay buenos y malos. Todos son grises. Todos.
Es un libro que Borges hubiera detestado. Se sabe que prefería la novela de enigma sobre el hard boiled, que lo resolvía todo a puñetazos y culatazos. Creo que Cosecha Roja es más que eso. Es cierto que hay una buena dosis de peleas y persecuciones, pero también está ese elemento de intriga de sus antecesores. El agente es contratado para resolver un asesinato y logra su cometido, usando las pistas descubiertas a lo largo del libro. Que en el camino haga más estragos que los mafiosos que persigue es irrelevante. 
También hay elementos que hoy no son bien vistos y que podrían sesgar al lector moderno. La figura de la femme fatale no es aceptada tan facilmente hoy en día y hay suficiente violencia de género como para incitar un boicot feminista. Lo que no debemos olvidar es la época o el entorno del autor. Desligar la trama de su creador es un craso error.

Opinión:
Un digno ejemplar de la novela negra americana, tipo hard boiled. Con elementos de la novela de intriga en dosis suficiente, pero que quedan como un estímulo culinario en el fondo. Una especia usada para dar un toque de sabor al plato, sin cambiar su esencia final. Una lectura obligatoria para los que seguimos este género. Un regreso a los orígenes.


Datos curiosos:
Dashiell Hammett era un hombre de convicciones. Si hacía una promesa, la cumplía. Mientras estuvo en la Agencia Pinkerton, le disparó a un hombre que amenazaba a un compañero. El responsable se alejó sangrando y fue tal el impacto en Hammett que prometió no volver a disparar un arma, excepto para cazar y solo si el propósito era alimentarse.
En la primera guerra mundial debió morir dos veces (una prueba de que fuerzas superiores querían que creara a Spade). La primera fue cuando conducía una ambulancia, que se estrelló con él al volante (después de eso prometió no volver a conducir. Otra promesa que no rompió). La segunda, más notable, fue sobrevivir la epidemia de gripe española que cobró la vida de más de 100 millones de personas en el mundo. La adquirió en un campamento militar y aunque sobrevivió, su salud nunca fue la misma, gracias a la tuberculosis que agarró mientras se recuperaba. 
En sus inicios fue uno de
los guionistas mejor pagados de Hollywood. Luego, en 1940, se afilia al Partido Comunista y eso fue el principio del fin. El FBI lo persiguió, terminó en la cárcel por no querer cooperar, fue una de las víctimas de la cacería de brujas de Joseph McCarthy y tuvo que declararse en bancarrota, como su padre en su momento, por deberle a la Hacienda casi 100 mil dólares en impuestos no declarados. 
Murió el 10 de enero de 1961, consecuencia de un cáncer de pulmón diagnosticado dos meses antes. Hasta que soltó su último aliento, siguió en las listas de vigilancia del FBI. Su informe oficial establece que un agente llamó al cementerio para asegurarse que "un tal Dashiell Hammett" estaba muerto y enterrado.
Triste, pero un final digno de uno de sus libros.