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domingo, 4 de septiembre de 2016

Pequeñas muertes negras

Pequeñas muertes negras (Bartolomé Leal).

Bartolomé Leal
José Enríque Leal Rodríguez nació en Santiago de Chile y a la usanza de muchos escritores del género, es tan polifacético como sus obras. Su profesión como Ingeniero Civil Industrial lo ha llevado a prestar servicios para las Naciones Unidas en función de experto en asuntos ambientales (tema sobre el cual ha publicado libros especializados). Ha visitado América Latina, el Caribe (Haití), Asia y Europa y ha vivido en varios paralelos y meridianos diferentes. Su pies han recorrido las aceras de Francia y España. Ha dormido en Kenia, Bolivia, Kosovo y México. Como para demostrar que el mundo es un pañuelo, por un tiempo vivió en mi bella Panamá, tema que nos permitió compartir entretenidas conversaciones cuando lo conocí en el festival Córdoba Mata 2015. Con un andar tan prolífico, no es de extrañar que escribiera múltiples novelas y cuentos. Su primera obra la escribió en colaboración con otro autor chileno (Eugenio Díaz Leighton) bajo el seudónimo conjunto de Manuel Yberra (muy a lo Borges-Casares, lo que explicaría porque Yberra dice ser devoto del primero). Un año después (1994) publicó su primer libro con el seudónimo de Bartolomé Leal. Esta obra titulada "Linchamiento de negro" fue el debut de su personaje insignia: Tim Tutts, un detective privado en Nairobi, Kenia, el cual ha protagonizado varios de sus libros y cuentos cortos. 
Es en esta línea que se enfila mi reseña del día de hoy. Una colección de cuentos titulada "Pequeñas muertes negras". En sus páginas encontré a Tim Tutts y a Manuel Yberra como protagonistas (este último en un cuento que gira alrededor de un tema poco tocado en la literatura negra: piojos). 
No miento. Ya verán.

Idea general:
La "pequeña muerte" llaman los franceses al orgasmo, una metáfora biológicamente exacta, que refleja la sensación intensa de desfallecimiento que todo adolescente percibe cuando conoce por primera vez el colosal placer.
Al sueño también se le suele llamar la "pequeña muerte", aquel anticipo del fin de la vida que la naturaleza nos da y que dejamos pasar sin prever su terrible significado. La "pequeña muerte negra" es también la de cada personaje menor que puebla este mundo, sobre todo si es negro, indio o pobre: a nadie le importan, es la víctima anónima de un mundo construido sobre la injusticia y la explotación. Como dijo Vallejo: "le pegaban si que él les haga nada; le daban duro con un palo duro".
Ellas y ellos son los protagonistas de estos relatos que semejan y bordean un estilo escritural muy cercano a la etnografía más tradicional. Aquella donde los hechos se tratan recubiertos de un contexto social que configura el escenario cultural que todo etnógrafo buscaba y busca en ese esquivo "otro" que nos observa desde su propia realidad.
En esta reunión de cuentos, Bartolomé Leal sabe encantarnos con inquietos personajes, donde la "pequeña muerte" se transforma en una espectacular trama criminal mientras el escenario de vida cotidiana nos deja el sabor de haber leído mucho más que una historia.

Cuentos en la colección:
  • Muerte de un escritor.
  • Un askari en mi patio.
  • Cangrejitos.
  • El té se sirve en la veranda, bwana.
  • El mono blanco.
  • ¿Tomó once la abuela?
  • Cinco a la hora de once.
  • Cuentos en 200 palabras.
  • Reine Bec.
  • Maleza.
Opinión:

Tal vez el esquema instintivo que guía mi práctica del género policial (y aclaro que uso el término cual comodín, sin hacer distinción entre narrativa de enigma y género negro, corrientes que de hecho mezclo en mis escritos), está conformado por mi experiencia vital, donde los viajes y la residencia en países diversos han jugado un rol central... El impulso por poner en palabras tales vivencias se traduce en dos niveles escriturales: un diario de vida más o menos rigurosamente mantenido, y la redacción de novelas y cuentos.
Bartolomé Leal. Ponencia efectuada en el
Encuentro de Narrativa Policial
Latinoamericana, Valparaíso,
Chile, Abril 2002.

Bartolomé Leal (Kenia, 1978)
Bartolomé Leal pasó 4 años en África del Este. Un escenario que pocos conocen y que es un tesoro en ideas y personajes. Como buen escritor, su mente alimentada por esta amalgana de colores y paisajes, creó a Tim Tutts. Un detective privado con oficinas en River Road, una de las principales calles de la capital de Kenia (Nairobi). Es el personaje de todo un ciclo de novelas y "Pequeñas muertes negras" tiene dos cuentos con este detective. Esas primeras páginas me hicieron tener ganas de leer las otras obras de la saga.

Mi enfoque del género tiene antecedentes, y aquí entramos al tema de esta ponencia. Hay una corriente de la narrativa policial, un subgénero si se quiere, que los críticos franceses han dado en llamar la novela policial étnica o etnológica. Se trata de un tipo de narración donde los típicos de las etnias, las razas, las culturas primitivas, la brujería, los conflictos colonialistas y tópicos similares, aparecen en el corazón mismo de la obra. Argumentos, tramas, personajes y locaciones responden a un deseo de testimoniar sobre los conflictos mayores, explícitos o escondidos, que existen en muchas sociedades marcadas por la diversidad racial, cultural y religiosa.
Bartolomé Leal. Ponencia efectuada en el
Encuentro de Narrativa Policial
Latinoamericana, Valparaíso,
Chile, Abril 2002.

Bartolomé Leal y Tim Tutts forman parte de algo conocido como Novela Policial Etnológica (como describe el autor en sus propias palabras). Sus obras hablan por sí solas y merece ocupar su sitial a la par de los principales expositores de este sub-género: Arthur Upfield (Australia), Tony Hillerman (EUA - navajos), Harry Kemelman (Israel) y H.R.F.Keating (Inglaterra - India).
En "Muerte de un escritor" Tutts debe resolver el asesinato de Wairoto wa Gaichiru, un problemático escritor que se dedicaba a mostrar en sus libros los peores horrores de la sociedad keniana. Su muerte, resultado de una violenta golpiza, es solo el principio de la trama que enfrenta al lector a los mejores elementos de la novela negra hard boiled: corrupción policial, intereses religiosos/tribales, mujeres con oscuros secretos (la secretaria de Tutts, Curly, se lo recordó con las inmortales palabras del oficial Lee Blanchard, de la Dalia Negra de James Ellroy: Cherchez la femme). El final, acorde con la realidad que describe el autor. A veces ganar solo significa llegar a sospechar la verdad. Más de eso, es jugar con la muerte.
En "Un askari en mi patio", una amiga argentina de Tutts lo llama para pedirle ayuda con el cadáver que cayó en su patio. Un askari (algo así como un guardia de seguridad privado) con el rostro desfigurado a punta de golpes. Iguales elementos que los descritos previamente donde Tutts, con la ayuda de Elenita Biorges de Maréchal (la amiga argentina), Rita Ndegwa (periodista independiente) y todo su equipo resolveran este crimen, sin importar las consecuencias.
Lo malo de los cuentos es que no permiten conocer a profundidad a los personajes, limitados por el número de páginas. Sin embargo, nos dan un pantallazo lleno de suficientes detalles como  para hacernos una idea del curioso detective y dejarnos con ganas de saber más de él. Estos cuentos son mis favoritos de la colección. Después tenemos un cuento con parásitos (al final les digo de qué se trata), dos cuentos ligados (El té se sirve en la veranda, bwana y El mono blanco), donde no hay un misterio por resolver, pero vemos las consecuencias de la violencia sin sentido. En "Cinco a la hora de once", el autor describe, a manera de crónica roja, crímenes cometidos en Chile a esa hora en particular. En fin, una amplia reunión de temáticas ligadas a la literatura negra que estoy seguro disfrutarán.

Conclusión:
Libro recomendado. Una curiosa colección de cuentos narrados por uno de los pocos escritores etnológicos del mundo (no digamos de latinoamérica). No pierdan su oportunidad de leerlos de ser posible.
Dato curioso:
Uno de los cuentos se llama "Cangrejitos". En esta historia el autor tiene una conversación ficticia con Manuel Yberra (la mitad de su alter ego) sobre ladillas o piojos del área genital. ¿No parece tema para un cuento negro? Bueno, hay la víctima de un crimen (el  autor), un vehículo o arma no homicida (ladillas) y un misterio (averiguar quién se las pegó).  
Una prueba que no hay tema, por improbable que parezca, que un buen escritor no pueda convertir en la trama para un delito. 



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